Esperé casi treinta años para tomar al fin esta sencilla -aunque costosa- decisión. Bueno, en realidad el tiempo fue quien transformó mis deseos en espera, porque pasó desapercibido. Ahora que esto se vuelve real, estoy listo para hacer todo aquello que prometí durante toda mi vida, y quiero que me observen, principalmente los que pensaron ser decepcionados por mí.
Que me observen y se sorprendan al ver que estoy preparado para comenzar mi vuelo y así verlos desde allá arriba, solo, pero feliz de al fin estar completo.
lunes, 22 de septiembre de 2008
viernes, 29 de agosto de 2008
Escalones

Bajo por la escalera que se va tornando cada vez más turbia. Mis pies se superponen pero no caigo, me mantengo suspendida entre el aire y un escalón, pensando en los que quedan por pisar. Y los párpados me pesan, me dicen que quieren bajar para no ver. Para no verte ni a vos, ni a él. Para seguir solos ellos dos, como si nunca te hubieran conocido. Y así quedar en compañía de mis dos pupilas, grandes y negras, como el negro que se ve al final de la bajada.
jueves, 28 de agosto de 2008
Cierra sola
Te miro con los ojos cerrados, me tiro del pelo y los aprieto aún más, y los párpados, pegados entre sí, me provocan ardor, destellos de pequeños puntitos, que a veces puedo llegar a ver. Entre el intento de divisarlos pienso. Te pienso. Ojalá sigas a mi lado, pensando en cómo calmar mi dolor cuando te mire de otra forma, cuando al fin pueda abrirlos para poder ver solamente lo que es real, lo que sos vos.
jueves, 31 de julio de 2008
Cielo
Las estrellas.
Las veo.
Parecen, más bien, observarme a mí.
Y me pregunto:
¿qué estarán pensando?
No dirán lo mismo que yo de ellas.
No lo creo.
Yo no brillo
ni aparezco momentáneamente
como una línea de luz.
Las veo.
Parecen, más bien, observarme a mí.
Y me pregunto:
¿qué estarán pensando?
No dirán lo mismo que yo de ellas.
No lo creo.
Yo no brillo
ni aparezco momentáneamente
como una línea de luz.
domingo, 25 de noviembre de 2007
Esmerilado
Está quieto, abre los ojos, no se mueve. Luego sí se mueve, pero no se levanta. Estira los brazos hacia ambos costados. "Ya es hora", piensa. Se sienta con un gran esfuerzo. Aprieta fuerte los párpados y los vuelve a abrir. No quiere nada. No pide nada más que un poco más de descanso. Pero sabe que él mismo se lo impediría, entonces se para y da unos pasos.
Está de costado, tapada hasta la cintura con una delgada sábana, un poco gastada por el tiempo. Lleva las piernas hacia el pecho, se las abraza, y permanece así por un rato. Las suelta y las deja desplegarse. Mira al techo, no sólo con los ojos, sino con todo el cuerpo. "Cuento hasta diez", se dice. No llega ni hasta los cuatro, cuando se sienta. Se para y abre la ventana. Apoya los codos en su espesor y en sus manos, el mentón. No observa nada en particular, su mirada gris está perdida.
Continúa sobre sus pies, pero ahora está junto a la ventana. No logra verse en el vidrio esmerilado, entonces la abre. Afuera está el cielo, y ese árbol de hojas naranjas que lo acompañó desde niño. Y mucho más lejos, como una leve transparencia apenas insinuada, que sólo él puede ver, aparece un par de ojos, el cual, cree, son los suyos.
Está de costado, tapada hasta la cintura con una delgada sábana, un poco gastada por el tiempo. Lleva las piernas hacia el pecho, se las abraza, y permanece así por un rato. Las suelta y las deja desplegarse. Mira al techo, no sólo con los ojos, sino con todo el cuerpo. "Cuento hasta diez", se dice. No llega ni hasta los cuatro, cuando se sienta. Se para y abre la ventana. Apoya los codos en su espesor y en sus manos, el mentón. No observa nada en particular, su mirada gris está perdida.
Continúa sobre sus pies, pero ahora está junto a la ventana. No logra verse en el vidrio esmerilado, entonces la abre. Afuera está el cielo, y ese árbol de hojas naranjas que lo acompañó desde niño. Y mucho más lejos, como una leve transparencia apenas insinuada, que sólo él puede ver, aparece un par de ojos, el cual, cree, son los suyos.
sábado, 27 de octubre de 2007
Vigilia
Camina hasta la parada, espera unos minutos. Cuando llega el colectivo, sube y se mantiene parada, aunque hace un pequeño balanceo, hacia atrás y adelante, hacia atrás y hacia adelante. Quiere sentarse porque siente las piernas cansadas, quiere sentarse al menos un minuto porque sus ojos se quieren cerrar. Pero no se sienta, el lugar está lleno de gente. El viaje se le hace interminable, quiere llegar y olvidarse del mundo por un rato, dejar de ver luces y sombras y ver solamente oscuridad, pero no la oscuridad que la noche puede dar, sino la oscuridad de sus ojos al cerrarse. Su destino es aún lejano. Se sigue balanceando, completa, al igual que sus pupilas y sus párpados. Siente que las personas la miran, pero no se molesta, sólo quiere llegar. Y cuando se da cuenta ya está en la parada. Y se baja, y empieza a caminar. Los pies le pesan tanto que los termina arrastrando por la vereda, al cruzar la calle, por la siguiente vereda… Y repite la misma secuencia, mirando siempre hacia abajo. Un pie adelante y el otro más adelante. Así hasta al fin llegar. Aunque mira un momento para arriba y ve que aún falta. Por un parpadeo ve oscuridad, la misma a la que quiere concurrir dentro de poco. Y por el siguiente aún más, aunque el que le sigue no es igual. Ahora se ven imágenes que desconoce, que al abrir los ojos, desaparecen, pero continúan en el sucesivo parpadeo, como un sueño entrecortado. La luz del día le hace entrecerrarlos y eso la cansa más. Sólo piensa en abrir la puerta como sea y así como está, tirarse en cualquier lado, en la alfombra, en el umbral, en la madera del piso…Y precisamente es como llega. Ya no recuerda cómo abrió la puerta, como apuró su paso como si el sueño se hubiese esfumado, sólo para apurar la marcha y poder tenderse en cualquier lugar. Y deja todo en el piso y se tira en la alfombra. La puerta permanece abierta desde que entró, pero un tibio aire corre suavemente hasta ella, y la eleva en una especie de nube, que la hace dejar de sentir peso en su cuerpo entero, y la sumerge en esa preciada oscuridad que siempre le da tanto placer, sobre todo, cuando tanto la deseó.
miércoles, 3 de octubre de 2007
"Te amo"

Se lo encontró sin querer hacerlo, ella miraba hacia abajo y escuchaba el sonido de los autos pasando a su lado. Cuando él le habló, levantó la vista. “Hay algo pendiente”, le dijo. No esperaba que le dijera otra cosa. Lo miró pero no le dijo nada, y pretendió seguir caminando como si lo que pasó hubiese sido un recuerdo ya pisado. Pero no pudo continuar porque una mano tomó la suya. Por supuesto era la de él, que no pensaba ni en disminuir la fuerza de los dedos. Volvió a repetir la misma frase. Ella lo miró nuevamente: “¿no hay cosas más importantes por las cuales preocuparse?”. En la cabeza del hombre rondaban muchos pensamientos, y a su cuerpo lo invadió una enorme desilusión. “No voy a soltarte hasta que lo digas”, le respondió. Y ella lo miró, y lo siguió mirando hasta que él se vio obligado a decirle lo mismo. Así, unas cuantas veces más. La situación se repetía. Por cada oración había un silencio, y cada uno se iba tornando mucho más profundo. El hombre, ya resignado, soltó su mano y dejó caer la suya como si un peso grande la hubiese tirado hacia abajo. Lastimosamente se dio vuelta para marcharse, y, a la vez, se escuchó “no, la respuesta es no”. Para él, ya no valía la pena seguir. Para ella, era sólo una persona más en su rincón de olvido.
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