
domingo, 12 de julio de 2009
miércoles, 8 de julio de 2009
Inspiración despedida
¿Qué le voy a decir si se va? ¿Que vuelva? No va a volver, o al menos eso creo yo. O es lo que necesito creer. Pero a pesar de esto, me acuerdo del olor a día nublado, del sabor a viento despeinándome, del calor de su mano entrelazada con la mía como si formaran parte de la misma masa de huesos y carne, y en mi cabeza están esos pequeños que giran la manivela -mucho más de noche- para hacerme dar vueltas y vueltas hasta descolocarme y no saber qué pensar. ¿Y si vuelve, qué le voy a decir? Voy a esperar a que hable primero, y seguramente me quede callada y le diga que voy a ausentarme en la noche, para que no duela más. Pero allí es cuando todo lo anterior va a volver a aparecerse, y se le va a sumar el frío de los rulos descontrolados, los pinchazos del pasto contra mi bolsito, el ruido de un beso pedido y otorgado sin perder ni un segundo...
No quiero que mire ese techo ni que lo pinte de gris. Quiero que sonría, que haga musiquitas, que tararee melodías ricas en chocolates y galletitas dulces. Que siga, que se le mueva el corazón. Que sepa que sí me acuerdo -y me voy a acordar-, aunque a veces no cuente mis dedos desnudos y esté acá esa llama congelada que los endurezca y los desarme.
No quiero que mire ese techo ni que lo pinte de gris. Quiero que sonría, que haga musiquitas, que tararee melodías ricas en chocolates y galletitas dulces. Que siga, que se le mueva el corazón. Que sepa que sí me acuerdo -y me voy a acordar-, aunque a veces no cuente mis dedos desnudos y esté acá esa llama congelada que los endurezca y los desarme.
martes, 7 de julio de 2009
Hoy y mañana
Tun tun pá, tun tun pá,
te escucho por acá,
te escucho más allá;
a veces no te escucho
pero sé que me pensás
y me paro más arriba
y canto
tun tun pá, tun tun pá,
bailás por allá,
bailás más acá;
a veces sí te escucho
pero sé que no pensás,
y me mirás desde arriba
y cantás.
te escucho por acá,
te escucho más allá;
a veces no te escucho
pero sé que me pensás
y me paro más arriba
y canto
tun tun pá, tun tun pá,
bailás por allá,
bailás más acá;
a veces sí te escucho
pero sé que no pensás,
y me mirás desde arriba
y cantás.
martes, 9 de junio de 2009
domingo, 17 de mayo de 2009
Animalito
¿Por qué vinieron? ¿Por qué no se van? Lo que pasa es que están ahí, ahora. No piensan en irse y tampoco sé cómo hacer para que lo hagan. Parásitos. No entienden lo que les digo, parece que mi voz no es lo suficientemente fuerte.
Llamó a mi puerta, compañada por esas otras dos y yo, al no preguntar quién era, abrí. Irrumpieron en mi hogar, sobrepasando todo forcejeo de mi parte y no se llevaron nada -como creí que iba a suceder- sino que se instalaron en él sin que yo pudiera siquiera decir una palabra. Oigo ahora, repetidas veces, desde mi ceguera y mi decepción, las palabras débil, inútil, muda. Se aprovechan de mi falta de expresión. Sin embargo, ¿qué es lo que un animalito como yo podría hacer en un momento así? Sé que no me defiendo porque me doy cuenta de la realidad de sus acusaciones. Fueron y son más rápidas y fuertes que yo, quitando el hecho de que me tomaron por sorpresa cuando llegaron. Habiendo estado preparada, nada hubiera ocurrido.
La ira fue la primera que logró entrar, porque las otras dos se encargaron de que no pudiera detenerla. No hizo falta que me las presentara: ya las conocía. Hola, conejito, me dijeron. La impotencia entró después, agarrada de la mano con la represión. Ellas sabían quién era yo, también, y me irritó que me hayan llamado de esa manera, cuando ni siquiera los espejos ni yo queremos reconocer que soy un conejito tan flacucho y diminuto.
Llamó a mi puerta, compañada por esas otras dos y yo, al no preguntar quién era, abrí. Irrumpieron en mi hogar, sobrepasando todo forcejeo de mi parte y no se llevaron nada -como creí que iba a suceder- sino que se instalaron en él sin que yo pudiera siquiera decir una palabra. Oigo ahora, repetidas veces, desde mi ceguera y mi decepción, las palabras débil, inútil, muda. Se aprovechan de mi falta de expresión. Sin embargo, ¿qué es lo que un animalito como yo podría hacer en un momento así? Sé que no me defiendo porque me doy cuenta de la realidad de sus acusaciones. Fueron y son más rápidas y fuertes que yo, quitando el hecho de que me tomaron por sorpresa cuando llegaron. Habiendo estado preparada, nada hubiera ocurrido.
La ira fue la primera que logró entrar, porque las otras dos se encargaron de que no pudiera detenerla. No hizo falta que me las presentara: ya las conocía. Hola, conejito, me dijeron. La impotencia entró después, agarrada de la mano con la represión. Ellas sabían quién era yo, también, y me irritó que me hayan llamado de esa manera, cuando ni siquiera los espejos ni yo queremos reconocer que soy un conejito tan flacucho y diminuto.
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