miércoles, 8 de julio de 2009

Inspiración despedida

¿Qué le voy a decir si se va? ¿Que vuelva? No va a volver, o al menos eso creo yo. O es lo que necesito creer. Pero a pesar de esto, me acuerdo del olor a día nublado, del sabor a viento despeinándome, del calor de su mano entrelazada con la mía como si formaran parte de la misma masa de huesos y carne, y en mi cabeza están esos pequeños que giran la manivela -mucho más de noche- para hacerme dar vueltas y vueltas hasta descolocarme y no saber qué pensar. ¿Y si vuelve, qué le voy a decir? Voy a esperar a que hable primero, y seguramente me quede callada y le diga que voy a ausentarme en la noche, para que no duela más. Pero allí es cuando todo lo anterior va a volver a aparecerse, y se le va a sumar el frío de los rulos descontrolados, los pinchazos del pasto contra mi bolsito, el ruido de un beso pedido y otorgado sin perder ni un segundo...
No quiero que mire ese techo ni que lo pinte de gris. Quiero que sonría, que haga musiquitas, que tararee melodías ricas en chocolates y galletitas dulces. Que siga, que se le mueva el corazón. Que sepa que sí me acuerdo -y me voy a acordar-, aunque a veces no cuente mis dedos desnudos y esté acá esa llama congelada que los endurezca y los desarme.

martes, 7 de julio de 2009

Hoy y mañana

Tun tun pá, tun tun pá,
te escucho por acá,
te escucho más allá;
a veces no te escucho
pero sé que me pensás

y me paro más arriba
y canto

tun tun pá, tun tun pá,
bailás por allá,
bailás más acá;
a veces sí te escucho
pero sé que no pensás,

y me mirás desde arriba
y cantás.

martes, 9 de junio de 2009

Pablo Coconier - casi 2008


Manuela - 2007


Lo que pasó con ella fue que no se movió ni un centímetro mientras la dibujaba.

Autorretrato - 2006

domingo, 17 de mayo de 2009

Animalito

¿Por qué vinieron? ¿Por qué no se van? Lo que pasa es que están ahí, ahora. No piensan en irse y tampoco sé cómo hacer para que lo hagan. Parásitos. No entienden lo que les digo, parece que mi voz no es lo suficientemente fuerte.

Llamó a mi puerta, compañada por esas otras dos y yo, al no preguntar quién era, abrí. Irrumpieron en mi hogar, sobrepasando todo forcejeo de mi parte y no se llevaron nada -como creí que iba a suceder- sino que se instalaron en él sin que yo pudiera siquiera decir una palabra. Oigo ahora, repetidas veces, desde mi ceguera y mi decepción, las palabras débil, inútil, muda. Se aprovechan de mi falta de expresión. Sin embargo, ¿qué es lo que un animalito como yo podría hacer en un momento así? Sé que no me defiendo porque me doy cuenta de la realidad de sus acusaciones. Fueron y son más rápidas y fuertes que yo, quitando el hecho de que me tomaron por sorpresa cuando llegaron. Habiendo estado preparada, nada hubiera ocurrido.

La ira fue la primera que logró entrar, porque las otras dos se encargaron de que no pudiera detenerla. No hizo falta que me las presentara: ya las conocía. Hola, conejito, me dijeron. La impotencia entró después, agarrada de la mano con la represión. Ellas sabían quién era yo, también, y me irritó que me hayan llamado de esa manera, cuando ni siquiera los espejos ni yo queremos reconocer que soy un conejito tan flacucho y diminuto.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Viaje

Siempre fue de hacer estas cosas mi loca cabeza, y mi cuerpo la acompañó en todo momento. A veces me gustaría que fueran independientes el uno del otro, pero yo ya no puedo pedir ni hacer nada. En esa cabeza lo soñé y creé cosas que la llenaron, que lo llenaron. Cuando al fin lo encontré fuera de ella, creí estar viviendo algo que nunca pensé podría ocurrirme. Pero fue tan deseado, que hasta me parece que mi cabeza se volvió mi entero mundo, y por eso ahora no está más; hoy en día, creo que fue todo su invento y que nada de lo ocurrido pasó en verdad, que el viaje que va a realizar él también es un invento, para justificar que la idea se está agotando y que su turno ya pasó. Porque claro, si fuese real, no habría sido tal como lo fue. Para él yo fui uno de esos pajaritos escurridizos, complicados de atrapar, pero que una vez que se tienen en manos, se quedan hasta ser ignorados. El mundo creado por mi cabeza se redujo a nosotros dos y nada me importó más que eso. Ahora: ¿qué es lo que puedo hacer, si su invento se está venciendo, si descubro poco a poco la ineficiencia que posee, si se hace cada vez más pequeño al mojarse con el agua y más transparente al toparse con la luz? En mi universo mental me quedo sola; los pajaritos no tienen de quien depender y cantan, para no ser escuchados. Pero si nadie escucha, ¿entonces, hay sonido? Aquel canto vergonzoso e inhibido se lo di a él, pero él ya no está: se fue de viaje.