Como llevar olor a chocolate, que sonría y se me escape alguna que otra flor, caminar al ritmo de la canción que tumtumpea en mis oídos, desafinarme la voz y reír intimidada. Como comerme el chocolate y alguna que otra flor, al ritmo del tímido tumtumpá desafinado.
Todo eso, mientras voy hacia vos.
domingo, 23 de agosto de 2009
lunes, 3 de agosto de 2009
Eran cuatro cositos. Los llamo así porque nunca los vi y ni siquiera puedo inventarles una forma. Pero lo que voy a escribir no va dedicado a ellos. Lo que pasa es que querían salir y decirle todo lo que yo pensaba. Y mirá que les decía "no, por favor, no puedo", "lo voy a hacer personalmente, esperen un poco" y demás mentiras. Pero bueno, ellos quisieron traspasar las capas de mi piel y gritarle aquello que venía guardando en secreto para mí.
Un día decidí hacerles un poquito -un poquito nomás- de caso y fui casi corriendo a buscarla; agitado llegué, con los labios secos no como una, sino como muchas hojas de papel. Estaban los cuatro acomodados, uno detrás del otro, empujándose de atrás hacia adelante para librarse de aquel volátil desierto empapelado. Abrí la boca y el que estaba más adelante se detuvo, ocasionando un choque poco trágico que hizo caer a los demás.
Fue cuando la vi a unos pasos, con una mano en el bolsillo del saco y la otra ocupada, aferrada a algo -que no pude distinguir muy bien- de un color muy parecido a la suya que no parecía querer destrabarse. Reparando en los cuatro cositos, me di cuenta de que seguían allí, pero en ese entonces mi respiración y mi boca volvieron a la normalidad, lo que generó su retorno. Primero miré esa mano y no sentí mis pies. Más arriba encontré su expresión de armonía, sus ojos brillando y su intención de no querer soltarse. Fue ahí cuando me fui, ahogado, pero feliz de verla así.
Un día decidí hacerles un poquito -un poquito nomás- de caso y fui casi corriendo a buscarla; agitado llegué, con los labios secos no como una, sino como muchas hojas de papel. Estaban los cuatro acomodados, uno detrás del otro, empujándose de atrás hacia adelante para librarse de aquel volátil desierto empapelado. Abrí la boca y el que estaba más adelante se detuvo, ocasionando un choque poco trágico que hizo caer a los demás.
Fue cuando la vi a unos pasos, con una mano en el bolsillo del saco y la otra ocupada, aferrada a algo -que no pude distinguir muy bien- de un color muy parecido a la suya que no parecía querer destrabarse. Reparando en los cuatro cositos, me di cuenta de que seguían allí, pero en ese entonces mi respiración y mi boca volvieron a la normalidad, lo que generó su retorno. Primero miré esa mano y no sentí mis pies. Más arriba encontré su expresión de armonía, sus ojos brillando y su intención de no querer soltarse. Fue ahí cuando me fui, ahogado, pero feliz de verla así.
domingo, 12 de julio de 2009
miércoles, 8 de julio de 2009
Inspiración despedida
¿Qué le voy a decir si se va? ¿Que vuelva? No va a volver, o al menos eso creo yo. O es lo que necesito creer. Pero a pesar de esto, me acuerdo del olor a día nublado, del sabor a viento despeinándome, del calor de su mano entrelazada con la mía como si formaran parte de la misma masa de huesos y carne, y en mi cabeza están esos pequeños que giran la manivela -mucho más de noche- para hacerme dar vueltas y vueltas hasta descolocarme y no saber qué pensar. ¿Y si vuelve, qué le voy a decir? Voy a esperar a que hable primero, y seguramente me quede callada y le diga que voy a ausentarme en la noche, para que no duela más. Pero allí es cuando todo lo anterior va a volver a aparecerse, y se le va a sumar el frío de los rulos descontrolados, los pinchazos del pasto contra mi bolsito, el ruido de un beso pedido y otorgado sin perder ni un segundo...
No quiero que mire ese techo ni que lo pinte de gris. Quiero que sonría, que haga musiquitas, que tararee melodías ricas en chocolates y galletitas dulces. Que siga, que se le mueva el corazón. Que sepa que sí me acuerdo -y me voy a acordar-, aunque a veces no cuente mis dedos desnudos y esté acá esa llama congelada que los endurezca y los desarme.
No quiero que mire ese techo ni que lo pinte de gris. Quiero que sonría, que haga musiquitas, que tararee melodías ricas en chocolates y galletitas dulces. Que siga, que se le mueva el corazón. Que sepa que sí me acuerdo -y me voy a acordar-, aunque a veces no cuente mis dedos desnudos y esté acá esa llama congelada que los endurezca y los desarme.
martes, 7 de julio de 2009
Hoy y mañana
Tun tun pá, tun tun pá,
te escucho por acá,
te escucho más allá;
a veces no te escucho
pero sé que me pensás
y me paro más arriba
y canto
tun tun pá, tun tun pá,
bailás por allá,
bailás más acá;
a veces sí te escucho
pero sé que no pensás,
y me mirás desde arriba
y cantás.
te escucho por acá,
te escucho más allá;
a veces no te escucho
pero sé que me pensás
y me paro más arriba
y canto
tun tun pá, tun tun pá,
bailás por allá,
bailás más acá;
a veces sí te escucho
pero sé que no pensás,
y me mirás desde arriba
y cantás.
martes, 9 de junio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


