viernes, 4 de diciembre de 2009

Final: ¿la realidad?

Una montaña rusa. Despierta acalorada y con un grito ahogado. En Primavera agarra el primer vestido que pisó. Buen día, cara. Patea unos zapatos para que entren en un cajón. Buen día, cosita, ¿quién es el más lindo? Se moja, cepilla la florcita de su muñeca izquierda. Tararea una melod- suena el teléfono. ¿Hola? Pelotudo. Melodía. Sale a la vereda y algo le pincha un pie. Sangre. ¿Dónde mierda dejé el algodón? Sentada. Curita, correa. Parque Lezama. Descansa los ojos, nomás. Inhalo. Jazmines. Exhalo y me duele el pie. Se para y pisa un colchón de algo que fue un montón de hojas. Ya empiezan a caer esas saladitas. Arriba, noche, cielo y nubes revueltas.

Él dice "te puedo llevar a la parada, pero no voy a dejarte volver a tu casa". Entonces ella se va, pero al rato vuelve para decirle "no me voy a ir, podés acompañarme". Caminan. Paran. La mira y le dice "este lugar va a ser patrimonio de nuestra humanidad". Ella no responde, mira para allá. Cuando lo vuelve a mirar, se besan. Frunce los ojos y no ve más que oscuridad.

Los abre y se sienta en su cama.

Comienzo: la descripción

Se mira seguido en los vidrios y espejos, fuera de su casa. Colecciona cosas -chiquitas- sin ningún patrón a seguir. Salta los escalones. Siempre está muy hambrienta, pero espera. Quiere a su perro con inmedible amor. A veces, en verano, sale descalza a la calle. Disfruta una birome que escribe corrido y el ruido de una cáscara desprendiéndose de su cuerpo de mandarina. Sus mañas no son femeninas. Le tiene rencor a los parques de diversiones por haberse perdido de chica en uno de esos. Imagina al amor de su vida, antes de dormirse, en el contexto ideal -de acuerdo con el momento que esté viviendo. No entiende por qué no ve lo que todos ven cuando fruncen los ojos. Tiene mucho que decir y sus maneras de hacerlo son rebuscadas. Juega con sus dedos. No le gusta llorar en público: mira para arriba a ver si, de casualidad, la gravedad le hace un favor. Dibuja su piel. Canta sin aliento. No duerme siesta. Odia que la pongan a prueba. Despluma hojas en el parque, y allí duerme. Regala lo que es suyo, y luego lo olvida. No reconoce sus celos.

Subtedioso

Sentí mis dos piernas agotadas y la derecha de la mujer que descansa al fin. Al frente había orejas vencidas y me miraron dos gemas convexas, por un rato, y después para allá. La mano trabajadora soltó el sobre por no aguantar el sueño, y la más chica se retorció sobre la rodilla perdida. Los ojos achinados pensaron quién sabe en qué. Después de un rato cambiaron de lugar, abandonando los míos. Nos pesaron los hombros y queríamos dormir. El chirrido nos hizo estremecer y no se detuvo. Sin embargo, el de más allá seguía dormido. De pie, observada y tamblaeando, esperé. Mi reflejo estaba cansado. Salí y la puerta me avisó que iba a cerrarse detrás de mí.

viernes, 30 de octubre de 2009

In-decisión

Como la mejor tonta. Bueno, no mejor. Me corrijo: como la más tonta. ¿O como una tonta más? No sé. Lo que pasa es que soy así, medio tonta. Lo veo y lo dejo ir. Pero no a mí. A él. A él. Lo dejo ir, pero vuelve. ¡Tonta! Si volvió, ¿por qué se volvió a ir? Soy medio tonta a veces. Ahora vuelve de nuevo. Acá estoy, no me fui, ¿eh? ¿Ves? Parecía que venía a mí.

jueves, 29 de octubre de 2009

Esfumarte

Lagrimita de sal de ojo entrecerrado por el impacto del viento tibio de la noche de más estrellas que jamás vas a volver a ver ni sentir, evaporate, que tengo otra como vos esperando salir y seguir tu misma ruta de algo que una vez sabió a agua salada y se sintió esfumar como aquella brisita tibia y falsa de otoño nocturno.

Infantiles

Jugábamos a molestarnos mutuamente. Me acuerdo que ese día habías estado más molesto que de costumbre y me mordiste una mejilla.

¿Qué te pasa? Te muerdo nomás. Te tiraste sobre mí y me besaste. ¿Qué te pasa? Sólo lo pensé y entonces te seguí el juego.

Terminé besándote.

Entonces nos molestamos con besos.

domingo, 4 de octubre de 2009

Vidente al fin

Mi venda fue de color azul y me la puse tapándome los ojos desde que supe de tu existencia. De lo mucho que hablamos, había llegado a la conclusión de que nunca me la sacaría, y no me preguntaste el por qué de mi decisión. No sé cómo fue que llegamos a hablar; sentí muy especial a la imagen mental que fabriqué.
Esa tarde te dije que estaba cansada. Sentada me dormí, creo que frente a vos, y cuando abrí los ojos, la oscuridad habitual que los acompañaba se había transformado en pelos, ojos, nariz, boca, orejas. Tus orejas.
Por eso me despido. La venda se estaba quedando en mi mirar porque siempre supe -desde que me enteré de tu existencia- que tu imagen fabricada por mí era real, y que me enamoraría de vos apenas se volviera perceptible.